1:1 Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.
1:2 ¡Oh, si él me besara con besos de su boca!
Porque mejores son tus amores que el vino. 1:3 A más del olor de tus suaves ungüentos,
Tu nombre es como ungüento derramado; Por eso las doncellas te aman. 1:4 Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; Nos gozaremos y alegraremos en ti; Nos acordaremos de tus amores más que del vino; Con razón te aman.
1:7 Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, Dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; Pues ¿por qué había de estar yo como errante Junto a los rebaños de tus compañeros? 1:8 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, Ve, sigue las huellas del rebaño, Y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.
1:9 A yegua de los carros de Faraón Te he comparado, amiga mía. 1:10 Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, Tu cuello entre los collares. 1:11 Zarcillos de oro te haremos, Tachonados de plata. 1:12 Mientras el rey estaba en su reclinatorio, Mi nardo dio su olor. 1:13 Mi amado es para mí un manojito de mirra, Que reposa entre mis pechos. 1:14 Racimo de flores de alheña en las viñas de En-gadi
Es para mí mi amado.
1:15 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí eres bella; tus ojos son como palomas.
1:16 He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; Nuestro lecho es de flores. 1:17 Las vigas de nuestra casa son de cedro, Y de ciprés los artesonados.
Capítulo 2
2:1 Yo soy la rosa de Sarón, Y el lirio de los valles. 2:2 Como el lirio entre los espinos, Así es mi amiga entre las doncellas.
2:3 Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los jóvenes; Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fue dulce a mi paladar. 2:4 Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor. 2:5 Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas; Porque estoy enferma de amor
. 2:6 Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace.
2:7 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, Por los corzos y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.
2:8 ¡La voz de mi amado!
He aquí él viene Saltando sobre los montes, Brincando sobre los collados. 2:9 Mi amado es semejante al corzo, O al cervatillo. Helo aquí, está tras nuestra pared, Mirando por las ventanas, Atisbando por las celosías.
2:10 Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. 2:11 Porque he aquí ha pasado el invierno, Se ha mudado, la lluvia se fue; 2:12 Se han mostrado las flores en la tierra, El tiempo de la canción ha venido, Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. 2:13 La higuera ha echado sus higos, Y las vides en cierne dieron olor;
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. 2:14 Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
2:15 Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne.
2:16 Mi amado es mío, y yo suya;
El apacienta entre lirios. 2:17 Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo Sobre los montes de Beter.
Capítulo 3
3:1 Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé. 3:2 Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; Por las calles y por las plazas Buscaré al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé. 3:3 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma? 3:4 Apenas hube pasado de ellos un poco, Hallé luego al que ama mi alma; Lo así, y no lo dejé,
Hasta que lo metí en casa de mi madre, Y en la cámara de la que me dio a luz.
3:5 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, Por los corzos y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.
3:6 ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo, Sahumada de mirra y de incienso Y de todo polvo aromático? 3:7 He aquí es la litera de Salomón; Sesenta valientes la rodean, De los fuertes de Israel. 3:8 Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; Cada uno su espada sobre su muslo, Por los temores de la noche. 3:9 El rey Salomón se hizo una carroza De madera del Líbano. 3:10 Hizo sus columnas de plata, Su respaldo de oro, Su asiento de grana, Su interior recamado de amor Por las doncellas de Jerusalén.
3:11 Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón Con la corona con que le coronó su madre en el día de su desposorio, Y el día del gozo de su corazón.
Capítulo 4
4:1 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; Tus cabellos como manada de cabras Que se recuestan en las laderas de Galaad. 4:2 Tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas, Que suben del lavadero, Todas con crías gemelas, Y ninguna entre ellas estéril. 4:3 Tus labios como hilo de grana, Y tu habla hermosa; Tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo. 4:4 Tu cuello, como la torre de David, edificada para armería; Mil escudos están colgados en ella, Todos escudos de valientes. 4:5 Tus dos pechos, como gemelos de gacela, Que se apacientan entre lirios. 4:6 Hasta que apunte el día y huyan las sombras, Me iré al monte de la mirra, Y al collado del incienso. 4:7 Toda tú eres hermosa, amiga mía, Y en ti no hay mancha. 4:8 Ven conmigo desde el Líbano, oh amada mía; Ven conmigo desde el Líbano. Mira desde la cumbre de Amana, Desde la cumbre de Senir y de Hermón, Desde las guaridas de los leones, Desde los montes de los leopardos. 4:9 Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; Has apresado mi corazón con uno de tus ojos, Con una gargantilla de tu cuello. 4:10 ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas! 4:11 Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; Miel y leche hay debajo de tu lengua; Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano. 4:12 Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; Fuente cerrada, fuente sellada. 4:13 Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, De flores de alheña y nardos; 4:14 Nardo y azafrán, caña aromática y canela, Con todos los árboles de incienso; Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas. 4:15 Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano. 4:16 Levántate, Aquilón, y ven, Austro; Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas.
Venga mi amado a su huerto, Y coma de su dulce fruta.
Capítulo 5
5:1 Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; He recogido mi mirra y mis aromas; He comido mi panal y mi miel, Mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados.
El tormento de la separación
5:2 Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, Porque mi cabeza está llena de rocío, Mis cabellos de las gotas de la noche. 5:3 Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? 5:4 Mi amado metió su mano por la ventanilla, Y mi corazón se conmovió dentro de mí. 5:5 Yo me levanté para abrir a mi amado, Y mis manos gotearon mirra, Y mis dedos mirra, que corría Sobre la manecilla del cerrojo. 5:6 Abrí yo a mi amado; Pero mi amado se había ido, había ya pasado; Y tras su hablar salió mi alma. Lo busqué, y no lo hallé; Lo llamé, y no me respondió. 5:7 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad; Me golpearon, me hirieron; Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros. 5:8 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado, Que le hagáis saber que estoy enferma de amor.
5:9 ¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, Que así nos conjuras?
5:10 Mi amado es blanco y rubio, Señalado entre diez mil. 5:11 Su cabeza como oro finísimo; Sus cabellos crespos, negros como el cuervo. 5:12 Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, Que se lavan con leche, y a la perfección colocados. 5:13 Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores; Sus labios, como lirios que destilan mirra fragante. 5:14 Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos; Su cuerpo, como claro marfil cubierto de zafiros. 5:15 Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de oro fino; Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. 5:16 Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable.
Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalén.
Capítulo 6
6:1 ¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿A dónde se apartó tu amado, Y lo buscaremos contigo?
6:2 Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las especias, Para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios.
6:3 Yo soy de mi amado, y mi amado es mío;
El apacienta entre los lirios. 6:4 Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; De desear, como Jerusalén; Imponente como ejércitos en orden. 6:5 Aparta tus ojos de delante de mí, Porque ellos me vencieron. Tu cabello es como manada de cabras Que se recuestan en las laderas de Galaad. 6:6 Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del lavadero, Todas con crías gemelas, Y estéril no hay entre ellas. 6:7 Como cachos de granada son tus mejillas Detrás de tu velo. 6:8 Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, Y las doncellas sin número; 6:9 Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; Es la única de su madre, La escogida de la que la dio a luz. La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; Las reinas y las concubinas, y la alabaron. 6:10 ¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden? 6:11 Al huerto de los nogales descendí A ver los frutos del valle, Y para ver si brotaban las vides, Si florecían los granados. 6:12 Antes que lo supiera, mi alma me puso Entre los carros de Aminadab. 6:13 Vuélvete, vuélvete, oh sulamita; Vuélvete, vuélvete, y te miraremos. ¿Qué veréis en la sulamita? Algo como la reunión de dos campamentos.
Capítulo 7
7:1 ¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias, Oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, Obra de mano de excelente maestro. 7:2 Tu ombligo como una taza redonda Que no le falta bebida. Tu vientre como montón de trigo Cercado de lirios. 7:3 Tus dos pechos, como gemelos de gacela. 7:4 Tu cuello, como torre de marfil; Tus ojos, como los estanques de Hesbón junto a la puerta de Bat-rabim; Tu nariz, como la torre del Líbano, Que mira hacia Damasco. 7:5 Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; Y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey Suspendida en los corredores. 7:6 ¡Qué hermosa eres, y cuán suave, Oh amor deleitoso! 7:7 Tu estatura es semejante a la palmera, Y tus pechos a los racimos. 7:8 Yo dije: Subiré a la palmera, Asiré sus ramas. Deja que tus pechos sean como racimos de vid, Y el olor de tu boca como de manzanas, 7:9 Y tu paladar como el buen vino, Que se entra a mi amado suavemente, Y hace hablar los labios de los viejos.
7:10 Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento.
7:11 Ven, oh amado mío, salgamos al campo, Moremos en las aldeas. 7:12 Levantémonos de mañana a las viñas; Veamos si brotan las vides, si están en cierne, Si han florecido los granados; Allí te daré mis amores. 7:13 Las mandrágoras han dado olor, Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, Nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.
Capítulo 8
8:1 ¡Oh, si tú fueras como un hermano mío Que mamó los pechos de mi madre! Entonces, hallándote fuera, te besaría, Y no me menospreciarían. 8:2 Yo te llevaría, te metería en casa de mi madre; Tú me enseñarías, Y yo te haría beber vino Adobado del mosto de mis granadas. 8:3 Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace.
8:4 Os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.
8:5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, Recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté; Allí tuvo tu madre dolores, Allí tuvo dolores la que te dio a luz. 8:6 Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; Porque fuerte es como la muerte el amor; Duros como el Seol los celos; Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. 8:7 Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos.
Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, De cierto lo menospreciarían.
8:8 Tenemos una pequeña hermana, Que no tiene pechos; ¿Qué haremos a nuestra hermana Cuando de ella se hablare? 8:9 Si ella es muro, Edificaremos sobre él un palacio de plata; Si fuere puerta, La guarneceremos con tablas de cedro. 8:10 Yo soy muro, y mis pechos como torres, Desde que fui en sus ojos como la que halla paz. 8:11 Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, La cual entregó a guardas, Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto.
8:12 Mi viña, que es mía, está delante de mí; Las mil serán tuyas, oh Salomón, Y doscientas para los que guardan su fruto. 8:13 Oh, tú que habitas en los huertos, Los compañeros escuchan tu voz; Házmela oír.
8:14 Apresúrate, amado mío, Y sé semejante al corzo, o al cervatillo, Sobre las montañas de los aromas.
De sólo imaginarme que tu boca pueda juntarse con la mía, siento que una angustia secreta me sofoca, y en ansias de ternura me atormento...
El alma se me vuelve toda oído; el cuerpo se me torna todo llama y se me agita de amores encendido, mientras todo mi espíritu te llama.
Y después no comprendo, en la locura, de este sueño de amor a que me entrego; si es que corre en mis venas sangre pura, o si en vez de la sangre corre fuego...
Se mecen los árboles bajo la lluvia
tan armoniosamente
que le dan a uno ganas de ser árbol.
Bajo los truenos
y atravesados por el viento
los árboles parecen muchachas dormidas de pie
a las que el sueño del amor lleva de un lado a otro la cabeza.
Estos árboles de la ciudad, tan esbeltos y solitarios,
rodeados de casas y de alambres,
se alegran bajo la lluvia en lo alto
y son la nube misma y el cielo.
Los árboles llueven esta tarde
y la barriada toda los contempla.
Si hubiera de morir
Si hubiera de morir dentro de unos instantes, escribiría
estas sabias palabras: árbol del pan y de la miel, ruibarbo,
cocacola, zonite, cruz gamada. Y me echaría a llorar.
Uno puede llorar hasta con la palabra "excusado" si tiene ganas
de llorar.
Y esto es lo que hoy me pasa. Estoy dispuesto a perder hasta las
uñas, a sacarme los ojos y exprimirlos como limones sobre la taza
de café. ("Te convido a una taza de café con cascaritas de ojo,
corazón mío.")
Antes de que caiga sobre mi lengua el hielo del silencio, antes de
que se raje mi garganta y mi corazón se desplome como una bolsa de
cuero, quiero decirte, vida mía, lo agradecido que estoy, por este
hígado estupendo que me dejó comer todas tus rosas, el día que entré
a tu jardín oculto sin que nadie me viera.
Lo recuerdo. Me llené el corazón de diamantes -que son estrellas
caídas y envejecidas en el polvo de la tierra- y lo anduve sonando
como una sonaja mientras reía. No tengo otro rencor que el que tengo,
y eso porque pude nacer antes y no lo hiciste.
No pongas el amor en mis manos como un pájaro muerto.
¡Si uno pudiera encontrar
¡Si uno pudiera encontrar lo que hay que decir, cuando todas
las palabras se han levantado del campo como palomas asustadas!
¡Si uno pudiera decir algo, con sólo lo que encuentra, una piedra,
un cigarro, una varita seca, un zapato! ¡Y si este decir algo fuera
una confirmación de lo que sucede; por ejemplo: agarro una silla:
estoy dando un durazno! ¡Si con sólo decir "madera", entendieras tú
que florezco; si con decir calle, o con tocar la pata de la cama,
supieras que me muero!
No enumerar, ni descifrar. Alcanzar a la vida en esa recóndita
sencillez de lo simultáneo. He aquí el rayo asomándose por la persiana,
el trueno caminando en el techo, la luz eléctrica impasible, la lluvia
sonando, los carros, el televisor, las gentes, todo lo que hace ruido,
y la piel de la cama, y esta libreta y mi estómago que me duele, y lo
que me alegra y lo que me entristece y lo que pienso, y este café
caliente bajando de mi boca adentro, en el mismo instante en que
siento frío en los pies y fumo. Para decir todo, escojo: "estoy solo",
pero me da tos y te deseo, y cierro los ojos a propósito.
Lo más profundo y completo que puede expresar el hombre no lo hace con
palabras sino con un acto: el suicidio. Es la única manera de decirlo
todo simultáneamente como lo hace la vida. Mientras tanto, hay que
conformarse con decir: esta línea es recta, o es curva, y en esta
esquina pasa esto, bajo el alero hay una golondrina muerta. Ni siquiera
es cierto que sean las seis de la tarde.
Ahuyentemos el tiempo, amor, que ya no exista; esos minutos largos que desfilan pesados cuando no estás conmigo y estás en todas partes sin estar pero estando. Me dolés en el cuerpo, me acariciás el pelo y no estás y estás cerca, te siento levantarte desde el aire llenarme pero estoy sola, amor, y este estarte viendo sin que estés, me hace sentirme a veces como una leona herida, me retuerzo doy vueltas te busco y no estás y estás allí tan cerca.
CASTILLOS DE ARENA
¿Por qué no me dijiste que estabas construyendo ese castillo de arena? Hubiera sido tan hermoso poder entrar por su pequeña puerta, recorrer sus salados corredores, esperarte en los cuadros de conchas, hablándote desde el balcón con la boca llena de espuma blanca y transparente como mis palabras, esas palabras livianas que te digo, que no tienen más que el peso del aire entre mis dientes. Es tan hermoso contemplar el mar. Hubiera sido tan hermoso el mar desde nuestro castillo de arena, relamiendo el tiempo con la ternura honda y profunda del agua, divagando sobre las historias que nos contaban cuando, niños, éramos un solo poro abierto a la naturaleza. Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena en la marea alta. Se ha llevado las torres, los fosos, la puertecita por donde hubiéramos pasado en la marea baja, cuando la realidad está lejos y hay castillos de arena sobre la playa...
CLARO QUE NO SOMOS UNA POMPA FÚNEBRE...
Claro que no somos una pompa fúnebre, a pesar de todas las lágrimas tragadas estamos con la alegría de construir lo nuevo y gozamos del día, de la noche y hasta del cansancio y recogemos risa en el viento alto.
Usamos el derecho a la alegría, a encontrar el amor en la tierra lejana y sentirnos dichosos por haber hallado compañero y compartir el pan, el dolor y la cama.
Aunque nacimos para ser felices nos vemos rodeado de tristeza y vainas, de muertes y escondites forzados.
Huyendo como prófugos vemos como nos nacen arrugas en la frente y nos volvemos serios, pero siempre por siempre nos persigue la risa amarrada también a los talones y sabemos tirarnos una buena carcajada y ser felices en la noche más honda y más cerrada
porque estamos construidos de una gran esperanza, de un gran optimismo que nos lleva alcanzados y andamos la victoria colgándonos del cuello, sonando su cencerro cada vez más sonoro y sabemos que nada puede pasar que nos detenga porque somos semillas y habitación de una sonrisa íntima que explotará ya pronto en las caras de todos.
ESTOY VIVA COMO FRUTA MADURA...
Estoy viva como fruta madura dueña ya de inviernos y veranos, abuela de los pájaros, tejedora del viento navegante.
No se ha educado aún mi corazón y, niña, tiemblo en los atardeceres, me deslumbran el verde, las marimbas y el ruido de la lluvia hermanándose con mi húmedo vientre, cuando todo es más suave y luminoso.
Crezco y no aprendo a crecer, no me desilusiono, ni me vuelvo mujer envuelta en velos, descreída de todo, lamentando su suerte. No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro, de la tierra parida, el canto de los pueblos, los brazos del obrero construyendo, la mujer vendedora con su ramo de hijos, los chavalos alegres marchando hacia el colegio.
Si. Es verdad que a ratos estoy triste y salgo a los caminos, suelta como mi pelo, y lloro por las cosas más dulces y más tiernas y atesoro recuerdos brotando entre mis huesos y soy una infinita espiral que se retuerce entre lunas y soles, avanzando en los días, desenrollando el tiempo con miedo o desparpajo, desenvainando estrellas para subir más alto, más arriba, dándole caza al aire, gozándome en el ser que me sustenta, en la eterna marea de flujos y reflujos que mueve el universo y que impulsa los giros redondos de la tierra.
Soy la mujer que piensa. Algún día mis ojos encenderán luciérnagas.
MI AMOR ES ASÍ
Mi amor es así, como este aguacero, rebotando contra el pavimento, pintando de verde el campo, tapa-cielos, tenaz, mójalo todo, Se me riega por dentro y lo siento latir en la yema de los dedos cuando quiero tocarte y no te tengo cerca. Como este aguacero, amor, me vuelvo un montón de agua entre tus brazos ando desbocada por tu cauce me hago arroyuelo en el pelo de tu pecho. Así como esta lluvia, me desbordo en palabras para contarte todos mis quehaceres, para meterte en todos los rincones de mi día, en todos los aleros de mis horas. Salto desde tus brazos, como la lluvia que se derrama de los techos y me duele la carne de querer prolongarte de querer florecer la semilla en mi vientre y darte un hijo hermoso y vital como este invierno.
SIGNOS
Es el amor; tendré que ocultarme o huir. Jorge Luis Borges
Lento, violento, rumoroso temblor de hojas en la intrincada selva de mis espinas. Invasión de ternura en los huesos. Ola dulce de agua reventándome en el fondo del pecho, encrespándose y volviendo a extenderse espuma sobre mi corazón.
Es el amor con su viento cálido, lamiendo insistente la playa sola de mi noche. Es el amor con su largo ropaje de algas, enredándome el nombre, el juicio, los imposibles. Es el amor salitre, húmedo, descargándose contra la roca de mi ayer impávida dureza. Es la marea subiendo lentamente las esquinas de piedra de mis manos. Es el espacio con su frío y el vientre de mi madre palpitando su vida en el silencio. Es el grupo de árboles en el atardecer, el ocaso rojo de azul, la luna colgada como fruta en el cielo. Es el miedo terrible, el pavor de abrir la puerta y unirse a la caravana de estrellas persiguiendo la luz como nocturnas, erráticas mariposas. Es la tiniebla absoluta o la más terrible y blanca nova del Universo. Es tu voz como soplo o el ruido de días ignorando los rumbos de tu existencia. Es esa palabra conjuro de todas las magias, látigo sobre mi espalda tendida al filo del sol, desencajando el tiempo con sus letras recónditas, desprendida del azar y de la lógica, loca palabra, espada, torbellino revolviéndome tibias memorias apaciblemente guardadas en el desván de los sueños, estatuas que de pronto se levantan y hablan, duendes morados saliendo de todas las flores, silbando música de tambor de guerra, terribles con sus largos zapatos puntudos, burlándose de mí que, inútilmente, cavo tenaz, enfurecida, incapaz, llorando en mi espanto, esta última trinchera.
TE BUSCO
Sola yo, amor, y vos quién sabe dónde; tu recuerdo me mece como al maíz el viento y te traigo en el tiempo, recorro los caminos, me río a carcajadas y somos los dos juntos otra vez, junto al agua. Y somos los dos juntos otra vez, bajo el cielo estrellado en el monte, de noche. Yo, amor, he aprendido a coser con tu nombre, voy juntando mis días, mis minutos, mis horas con tu hilo de letras. Me he vuelto alfarera y he creado vasijas para guardar momentos. Me he soltado en tormenta y trueno y lloro de rabia por no tenerte cerca, en viento me he cambiado, en brisa, en agua fresca y azoto, mojo, salto buscándote en el tiempo de un futuro que tiene la fuerza de tu fuerza.
TE VEO COMO UN TEMBLOR...
Te veo como un temblor en el agua. Te vas, te venís, y dejás anillos en mi imaginación.
Cuando estoy con vos quisiera tener varios yo, invadir el aire que respiras, transformarme en un amor caliente para que me sudés y poder entrar y salir de vos.
Acariciarte cerebralmente o meterme en tu corazón y explotar con cada uno de tus latidos.
Sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo y cuidar de tus hojas y tu tronco, darte mi sangre de savia y convertirme en tierra para vos.
Siento un aliento cosquilloso cuando estamos juntos, quisiera convertirme en risa, llena de gozo, retozar en playas de ternuras recién descubiertas, pero que siempre presentí, amarte, amarte hasta que todo se nos olvide y no sepamos quién es quién.
Y DIOS ME HIZO MUJER
Y Dios me hizo mujer, de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer. Con curvas y pliegues y suaves hondonadas y me cavó por dentro, me hizo un taller de seres humanos. Tejió delicadamente mis nervios y balanceó con cuidado el número de mis hormonas. Compuso mi sangre y me inyectó con ella para que irrigara todo mi cuerpo; nacieron así las ideas, los sueños, el instinto. Todo lo creó suavemente a martillazos de soplidos y taladrazos de amor, las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días por las que me levanto orgullosa todas las mañanas y bendigo mi sexo.
YO SOY TU INDÓMITA GACELA
Yo soy tu indómita gacela, el trueno que rompe la luz sobre tu pecho Yo soy el viento desatado en la montaña y el fulgor concentrado del fuego del ocote. Yo caliento tus noches, encendiendo volcanes en mis manos, mojándote los ojos con el humo de mis cráteres. Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo, riendo la risa inmutable de los años. Yo soy el inexplorado camino, la claridad que rompe la tiniebla. Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía y te recorro entero, sendero tras sendero, descalzando mi amor, desnudando mi miedo. Yo soy un nombre que canta y te enamora desde el otro lado de la luna, soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo. Yo soy algo que crece, algo que ríe y llora. Yo, la que te quiere.
"Cuando empecé Ashes and Snow en 1992, mi intención era explorar la relación entre el hombre y los animales desde dentro hacia fuera".
-Gregory Colbert
"Espero ver el mundo a través de los ojos de una ballena, un elefante, un manatí, un suricata o un guepardo. Sentirse asombrado por la naturaleza en todas sus formas es el alma de Ashes and Snow. He intentado dejar las ventanas y las puertas abiertas para que otras personas puedan entrar y sentir el mismo asombro que sentí yo durante cada momento de la creación del trabajo comparitdo".
ARTE FOTOGRAFICO DE GREGORY COLBERT.
Explora las sensibilidades poéticas de los animales en su habitat natural al interactuar con los seres humanos.
Los seres humanos se muestran como si fueran miembros de la familia de los animales y no como miembros de la familia de los hombres.
Ningunas de las imágenes han sido digitalmente superpuestas.
LA NOVELA.
La novela epistolar de Colbert es una recopilación ficticia de las cartas escritas por un hombre a su esposa en el transcurso de un viaje de un año de duración.
El origen del título, Ashes and Snow, se revela en la carta del día 365.
Ashes and Snow, a Novel in Letters, fue publicada en 2004.
Experiencia MARAVILLOSA adentrarse en el BELLO MUNDO de este extraordinario artista canadiense Gregory Colbert.
Me permito compartirles algunos textos de el DVD fascinante de Ashes and Snow.
No se queden sin él vale la pena obtenerlo y disfrutarlo recreando mente y espiritu.
El Video te va llevando adentrandote a su mundo tan lleno de sesibilidad, de mágia, de poesía. Si pueden apreciarlo en persona mucho mejor!
"Si vienes a mí, en este momento,
los minutos se convertiran en horas..tus horas en días...
y tus días en toda una vida...."
"Lo recordarás todo
y todo será como antes.
En el comienzo del tiempo
los cielos estaban llenos de elefantes voladores".
"Desde que ardió mi casa
veo la luna con más claridad...
he contemplado todos los Edenes,
que se han desplomado en mi.
He visto Edenes
que tuve en mis manos,
alas que dejé escapar,
he visto promesas que no cumpli,
dolores que no alivié,
heridas que no curé,
lagrimas que no vertí,
he visto muertes que no lloré,
plegarias que no escuché,
Puertas que no abrí,
puertas que cerré,
amantes a las que dejé atrás,
y sueños que no víví."
"He visto todo cuanto se me ofrecía
y que no podía aceptar,
he visto las cartas que buscaba
pero que núnca recibí.
He visto cuanto podría haber sido
pero que jamás seré."
"Un elefante con la trompa erguida
es una escala hacia las estrellas.
Una ballena que emerge de la superficie del agua,
es una escala desde el fondo del mar".
"Estas imágenes son una escala
hacia mis sueños.
"Estas cartas
son la escala hacia tí".
"Es como una vieja casa
cuyas ventanas llevan años sin abrirse ,
pero ahora oigo
que las ventanas se abren...
recuerdo las gruyas
erguidas en el aire
por encima de las nieves,
en fución del Himalaya"
"Puedo decirte si te estás acercando
o si te alejas más
admiro la serenidad que experimenté
al contemplar tu rostro
tal vez y ahora me pudieran
devolver tu rostro
me sería más fácil
recuperar el rostro
que yo mismo parezco haber perdido".
"PLUMA A FUEGO,
FUEGO A SANGRE,
SANGRE A HUESO,
HUESO A TUETANO,
TUETANO A CENIZA,
CENIZA A NIEVE...
CENIZA A NIEVE."
"Las ballenas no cantan
porque tengan una respuesta,
cantan porque tienen una canción".
"Lo que importa no es lo escrito en la página,
lo que importa es lo escrito en el corazón.
Así pues. Quema las cartas
y deposita sus cenizas en la nieve
en los bordes de los ríos.
Cuando llegue la primavera
y la nieve se funda
y el río crezca.
Regresa a la orilla del río
y relee mis cartas con los ojos cerrados,
deja que mis palabras y las imágenes
bañen tu cuerpo como hojas.
Relee las cartas, con la mano ahuecada en la oreja...